La brecha digital es la desigualdad en el acceso y uso de las nuevas tecnologías. Este acceso conlleva actualmente desigualdades sociales, ya sea entre países desarrollados y subdesarrollados, entre generaciones o bien entre un mismo grupo poblacional que no tiene la misma situación socioeconómica, y por ello, no cuentan con las mismas herramientas que llamamos TIC.
Esta discriminación provoca una
disminución de las oportunidades sociales, como es por ejemplo, estudiar a
distancia, conocer y optar a ofertas de trabajo, entre otras.
Por otro lado, encontramos
otros tipos de discriminación, como la administrativa, ya que hoy en día, la
mayoría de los trámites que tenemos que realizar se hacen online.
La edad, el género, el lugar de
residencia, el país, el nivel socioeconómico… por ejemplo, hace algunos años
las mujeres tenían menos acceso a las conocidas TIC. No obstante, gracias al avance
de Internet en los teléfonos móviles, esto ha conseguido reducirse. Pero no olvidemos
que el móvil no lo es todo. Pensemos por ejemplo en las personas mayores,
quienes a la fuerza han tenido que adquirir uno en los últimos años, para
poderse comunicar. Sin embargo, la tecnología avanza más deprisa de lo que las
personas se adaptan a ella, y esto afecta aún más a las personas de la tercera
edad, o a la población rural.
Aunque la juventud tiende a
utilizar más las nuevas tecnologías, la brecha digital entre aquellas personas
jóvenes que tienen menos recursos o se encuentran en situación de pobreza sigue
siendo alarmante, ya que ensancha esta brecha digital y aumenta la desigualdad
de oportunidades.
Si pensamos en la pandemia
producida por el COVID – 19, esto se ha visto claramente. Cómo todas las
personas a nivel mundial tuvimos que adaptarnos, y durante el confinamiento
solamente podíamos conectar con el mundo a través de las nuevas tecnologías. El
trabajo se convirtió en teletrabajo, los estudiantes requerían de acceso online
y diferentes TIC, los docentes tuvieron que aprender muchas herramientas para
dar sus clases, las empresas tuvieron que adaptarse, y a nivel social, esto fue
todavía más devastador. Las personas mayores comenzaron a sentirse solas, no
contaban con las mismas herramientas y conocimientos para estar conectadas con
sus seres queridos. La pandemia enfatizó esta brecha digital, haciendo urgente
el uso de las diferentes TIC.
La Unión Internacional de Telecomunicaciones
dependiente de la ONU afirmó en 2019 que la mitad de la población mundial no
tenía acceso a las nuevas tecnologías. Si pensamos que poco después llego la
pandemia, ¿qué fue de estas personas? El mundo tuvo que ponerse manos a la
obra, y así lo hizo. Algunas organizaciones donaron Tablets a niños y niñas
para que pudieran estudiar, por ejemplo. Sin embargo, esto fue insuficiente. Y aunque
se compraron muchos teléfonos y ordenadores para que las personas mayores estuvieran
conectadas, una vez más, carecían el conocimiento para su uso. La mitad de la población
está conectada en exceso y desconectada del mundo, la otra mitad simplemente
está desconectada porque no tiene acceso.
Algunas de las opciones que podríamos
proponer es dar más acceso a las nuevas tecnologías en las zonas públicas, por
ejemplo, en nuestra localidad, para que tengan acceso a un Wi – Fi libre, otros
proyectos desde el Ayuntamiento en que grupos de jóvenes fueran a centros de
personas mayores a enseñarles herramientas y aplicaciones útiles para las
personas mayores, como realizar videollamadas con aquellos familiares que
tienen lejos, enviar vídeos, fotos y audios a sus seres queridos. Desde los
ciclos de informática, realizar aplicaciones que faciliten la vida de las
personas que peor relación tienen con las nuevas tecnologías, ya que cada
persona es diferente, y hay muchos colectivos (no solo las personas mayores)
que se encuentran barreras con las TIC. Me ha gustado mucho esta idea
innovadora que se ha llevado a cabo por un grupo joven de Ciclo Formativo de
Grado Superior de Desarrollo de Aplicaciones Multiplataforma (DAM) para el
colectivo de personas con Síndrome de Down. Aquí os facilito el vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=X4cOJmpTlPg
También es verdad que no todo
es oro lo que reluce. El exceso de acceso a las nuevas tecnologías, y en
especial a las redes sociales, está ocasionando un grave problema de adicción y
dependencia de los móviles e Internet, llegando a tener fobia ante la separación
del teléfono (nomofobia), un bullying hacia otras personas que llega a aumentar
la tasa de suicidio entre los adolescentes (ahora el acoso escolar a través de
las redes sociales es un 24/7, ya no se queda solamente en la escuela), y la desconexión
a través del exceso de conexión, entre otras muchas problemáticas.
El acceso y la enseñanza de un
correcto uso de las TIC es una de las propuestas que me gustaría aportar en
este curso, que desde mi labor en educación pueda desarrollar algún programa
que motive a grupos interdisciplinares a estar comprometidos/as con la población
ilicitana para trabajar desde la igualdad de acceso y oportunidades digitales,
la teleformación, las ofertas laborales, el teletrabajo, el conocimiento y la comunicación.
El acceso a las nuevas tecnologías
es un elemento clave para alcanzar la igualdad, el desarrollo social y la
ciudadanía plena. Su acceso es un derecho.

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